lunes, 17 de septiembre de 2012

Esperanza Aguirre por Salvador Sostres


Esperanza Aguirre. | Reuters
Siempre ha sido odiada por la masa catalanista, pero eso no es ninguna novedad porque la masa la ha odiado siempre en todas partes. En cambio siempre ha contado con el respeto y la admiración de la élite independentista, que nunca ha dudado que de tener una líder con tanto ímpetu, talento y carácter, ninguna gesta sería imposible.
Esperanza Aguirre ha sido siempre muy querida por la Cataluña significativa. Por la Cataluña que dice la verdad y que en sus derrotas no busca excusas. Tanto por el sector más españolista, por afinidad, como por el sector más seriamente soberanista, por envidia sana, siempre ha sido especial la relación de Esperanza con Cataluña.
Ella siempre ha sido, también, una gran entusiasta de mi país. Entusiasta de Albert Boadella, de Arcadi Espada, y atenta lectora de la poesía -en catalán- de Valentí Puig. Algunos les llaman traidores o "botiflers", pero yo soy catalán, y catalanista, y les puedo asegurar que después de Josep Pla, nadie ha explicado con más precisión que ellos la esencia de lo que es y representa Cataluña.
La turba se alegrará de su dimisión, en Barcelona, en Madrid y en todas partes. No se alegrará ninguna persona inteligente, que más allá de su ideología, crea en la grandeza de la política.
También la inteligencia y el buen gusto son una patria, hoy un poco más huérfana sin Esperanza Aguirre.

Esperanza hambre de Libertad


Conocí a Esperanza Aguirre en la facultad y desde entonces somos amigas. Pero hoy no querría escribir sobre mi amiga sino sobre esa gran política, esa mujer de principios que es Esperanza Aguirre. Puedo entender que algunas personas no compartan los valores que ella ha defendido siempre con su arrolladora personalidad, pero creo que hasta sus más enconados adversarios reconocerán que es una mujer de principios. Creo que es imposible negar que Esperanza es una política que ha puesto siempre por encima de todo la defensa de los valores en los que cree. Y esa actitud me parece admirable. Hay tres de esos valores que Esperanza ha defendido con la fuerza que la caracteriza que me gustaría destacar, no sólo porque los comparto, sino porque creo que son imprescindibles en la vida pública. Y son una seña de identidad para todos los que simpatizamos con el proyecto del Partido Popular. El primero de esos valores es poner a las personas y su libertad en el frontispicio de nuestra actividad pública. Decir Esperanza Aguirre en España es decir «pasión por la libertad». Y esa pasión cobra todo su sentido cuando la persona está en el centro del ejercicio de la política. El segundo es la independencia de criterio dentro de la lealtad a un proyecto. Ella ha ejercido esa independencia de forma muchas veces sonora. Y creo que es bueno que así sea, siempre dentro de la disciplina que marca un proyecto político abierto y democrático. Y el tercero es su profundo patriotismo, su amor a España. Esperanza siempre ha reivindicado sin complejos el papel de nuestra Nación en la Historia. Y la mejor expresión de este sentimiento patriótico es su respeto a las instituciones que los españoles nos hemos dado. Esperanza fue Concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ministra de Educación y Cultura, Presidenta del Senado y Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y en todos esos cargos demostró su profundo respeto a las instituciones. Ahora, con su decisión de dejar la política hace honor a esos valores y pone en marcha el relevo que garantiza la normalidad institucional en nuestra democracia.
Ana Botella